Entre los indicadores financieros utilizados en la aplicación del Método del Margen Neto Transaccional (Transactional Net Margin Method o TNMM), el Berry Ratio ocupa un lugar particular. Aunque su fórmula es sencilla, su aplicación exige un análisis funcional riguroso, ya que no resulta adecuada para cualquier distribuidor.
El indicador toma su nombre del profesor Charles Berry, quien lo utilizó como experto en el caso E.I. du Pont de Nemours & Co. v. United States, resuelto en 1979, en el contexto del análisis de la remuneración de actividades de comercialización y distribución.
¿Cómo se calcula y qué mide?
El Berry Ratio se calcula de la siguiente manera:
Berry Ratio = Utilidad Bruta / Gastos Operativos
A diferencia de un margen operativo sobre ventas, este indicador relaciona la utilidad bruta obtenida por una entidad con los gastos operativos incurridos en el desarrollo de sus actividades.
Su lógica económica parte de la premisa de que, en determinadas actividades rutinarias de intermediación o distribución, los gastos operativos pueden constituir una base razonable para aproximar los recursos empleados y, por tanto, la remuneración asociada a las funciones desarrolladas. En estos casos, el valor de los bienes adquiridos y revendidos puede no representar adecuadamente el valor agregado por la entidad.
Por ello, el Berry Ratio puede resultar útil en determinadas actividades rutinarias de intermediación o distribución cuando existe una relación suficientemente estrecha entre los gastos operativos incurridos y las funciones realizadas, y cuando el valor de los productos distribuidos no afecta materialmente la remuneración que debería obtener la entidad.
Esto último es fundamental: el Berry Ratio no debe seleccionarse simplemente porque la entidad sea un distribuidor. Su aplicación depende de que exista una relación económica razonable entre la base utilizada por el indicador y las funciones que deben ser remuneradas.
¿Cuándo es apropiado utilizarlo?
Las Directrices de Precios de Transferencia de la OCDE señalan que el Berry Ratio puede resultar apropiado, principalmente, cuando se cumplen determinadas condiciones económicas y funcionales. Entre ellas, destacan las siguientes:
- El valor de las funciones realizadas guarda una relación razonablemente estrecha con los gastos operativos.
- El valor de los productos distribuidos no afecta materialmente el valor de las funciones realizadas.
- La entidad no desarrolla otras funciones significativas que deban ser remuneradas de manera diferenciada o que hagan que los gastos operativos dejen de ser una base adecuada para medir su rentabilidad.
Estos criterios son relevantes porque la condición de distribuidor, por sí sola, no justifica la aplicación del Berry Ratio.
Si la entidad desarrolla funciones comerciales o de marketing relevantes, utiliza intangibles significativos, emplea activos económicamente relevantes o asume riesgos importantes, será necesario evaluar si los gastos operativos continúan representando adecuadamente la base económica sobre la cual debería determinarse su remuneración.
Cuando esta relación deja de ser suficientemente representativa, el Berry Ratio puede perder fiabilidad como indicador de rentabilidad.
La clasificación contable puede distorsionar el resultado
Uno de los aspectos más críticos del Berry Ratio es la clasificación contable de los costos y gastos.
Una empresa puede registrar determinados conceptos dentro del costo de ventas, mientras que otra puede clasificarlos como gastos operativos. Esta diferencia contable puede modificar significativamente el Berry Ratio, incluso cuando ambas entidades realizan actividades económicas similares.
Esto ocurre porque el indicador utiliza como denominador exclusivamente los gastos operativos. Si un determinado costo que económicamente está relacionado con las funciones realizadas se registra como costo de ventas en una empresa, pero como gasto operativo en otra, los Berry Ratios de ambas entidades pueden no ser directamente comparables.
Por ello, antes de comparar los resultados de la entidad analizada con los de empresas comparables, es necesario verificar que la información financiera utilizada haya sido preparada bajo criterios suficientemente consistentes o, cuando corresponda, realizar los ajustes necesarios para mejorar la comparabilidad.
La OCDE reconoce precisamente que la sensibilidad del Berry Ratio a la clasificación contable constituye una de las principales dificultades asociadas con su utilización.
¿Cuándo conviene utilizar otro indicador?
El Berry Ratio puede perder representatividad cuando los gastos operativos no constituyen una base adecuada para aproximar el valor económico de las funciones desarrolladas.
Por ejemplo, su utilización debe evaluarse con especial cuidado cuando:
- La entidad utiliza activos o inventarios económicamente relevantes cuya contribución a la rentabilidad no guarda una relación estrecha con sus gastos operativos.
- Desarrolla funciones comerciales o de marketing significativas.
- Utiliza intangibles únicos o valiosos.
- Asume riesgos relevantes de mercado, inventario, crédito u otros riesgos económicamente significativos.
- Realiza funciones adicionales que requieren una remuneración específica.
- Existen diferencias importantes en la clasificación contable de costos y gastos entre la entidad analizada y las empresas comparables.
En estas circunstancias, podrían resultar más adecuados otros indicadores de rentabilidad, como el margen operativo sobre ventas o un retorno sobre activos, dependiendo de las funciones realizadas, los activos utilizados y los riesgos asumidos por la entidad analizada.
La selección del indicador, por tanto, debe considerar cuál es la base que mejor refleja la relación entre la rentabilidad obtenida y los factores económicos que generan dicha rentabilidad.
El indicador debe responder al análisis funcional
El Berry Ratio puede ser una herramienta útil en el análisis de precios de transferencia, pero su aplicación debe responder a las características económicas reales de la operación.
La selección del indicador financiero no debería realizarse automáticamente por el hecho de que una empresa sea clasificada como distribuidora. Debe derivarse del análisis funcional y de la identificación de la base que mejor refleje la naturaleza y el valor de las funciones desarrolladas por la entidad.
En consecuencia, antes de aplicar un Berry Ratio resulta necesario analizar, entre otros aspectos:
- las funciones desempeñadas;
- los activos utilizados;
- los riesgos asumidos;
- la naturaleza de los productos distribuidos;
- la relevancia económica de los inventarios y otros activos;
- la clasificación contable de los costos y gastos; y
- la comparabilidad de las empresas seleccionadas.
En definitiva, la pregunta no debería ser si una empresa es un distribuidor, sino si el Berry Ratio representa adecuadamente la relación económica entre los recursos empleados en sus funciones y la remuneración que debería obtener en condiciones de plena competencia.
En TPC Group evaluamos cada estructura de distribución para determinar si el Berry Ratio representa realmente el indicador financiero más apropiado o si las características de la operación requieren un enfoque distinto.
Fuentes
